sábado, 7 de enero de 2012

Skyrim | Yo era un Dovah en mi otra vida...



The Elder Scrolls V nos sitúa en el Reino Nordico llamado Skyrim, un juego en espacio abierto "muy pequeñito", nada, unos cuarenta kilómetros cuadrados. Todas las posibilidades y la sensación de libertad que plasma el juego en cada rincón se hacen denotar en sus más de cien horas jugables que tendrás que superar para completar el juego al máximo.

Y es que Bethesda no solo te da una historia y un guión argumental, sino que el juego está lleno de misiones secundarias, muchas de las cuales mantienen una trama más que interesante para no aburrirte. En cuanto al eje central de la historia, le falta algo de sentimentalismo de por medio, aunque luchar contra un dragón ya es de por si épico mientras no vuele hacia atrás claro. La historia cumple, aunque es bastante flojita, pero como digo, las espectacularidad el propio juego mejora la historia haciéndote vivir momentos en los que te quedaras enganchadísimo a la pantalla.


La capacidad Sandbox del juego es inmensa, ya que nos permite observa un mundo con vida propia desde el punto de vista de nuestro personaje. Te dará total libertad para hacer lo que quieras. Esta inmensidad también pasa factura, cientos de bugs que ocurren durante la partida, algunos más jodidos que otros; que se te quede la partida bloqueada al salir de alguna casa, dragones volando hacia atrás, personajes que hacen cosas extrañas (por extrañas no entendáis fornicar). Pero la verdad que todo lo acabas pasando por alto a la hora de la verdad, porque es tal la sensación que te transmite el juego, que realmente te hace sentir que es una segunda vida.

Al principio del juego, se me hacia un tanto difícil, y las primeras horas me mantuve a la espera. Una vez coges algo de experiencia en el juego, las cosas son bastantes más divertidas, más diversidad, más opciones. Un sistema de niveles muy bien pensado, las habilidades muy bien repartidas en una galaxia de esferas que me recordaba un poco a Final Fantasy X.


La primera vez que te enfrentas a un dragón, entiendes un poco más la espectacularidad del juego. Al igual que cuando ves los distintos escenarios y climatologías que abarca el juego. Cuando aprendes nuevas habilidades especiales como los gritos, disfrutaras como un enano. Y por no hablar de hechizos, de mezclar pociones, elementos, crear tus propias armaduras con sus magias... Definitivamente, Skyrim es una pequeña vida comprimida en un videojuego.

Conforme veía acercarse el final del juego, empecé a pasarme misiones secundarias, algunas más divertidas que otras. Pero de cada una de ellas te llevas algo nuevo; un arma, un hechizo, un poder... Algo que te da una sensación satisfactoria de mejora, de poder, y consigue mantenerte enganchado al mando más y más horas. Siempre de algún modo, el juego te enseña que aún no lo has visto todo. E inculca en ti esa necesidad de ser el mejor, de aprender y de seguir avanzando haber hasta donde es capaz de llegar el juego. Coño si incluso puedes casarte con algunas de las mujeres más pechugonas de Skyrim, divertirte robando, matar a todos los guardias de una ciudad sin despeinarte... Incluso al final del juego encuentras cosas nuevas que te proporcionan diversión.

Todo esto no se conseguiría sin un control muy trabajado aunque con sus fallos, ten en cuenta que siempre el escenario puede jugar en favor de que se produzcan más bugs de los normales. Y si a todo lo anterior le acompañas con una banda sonora que de vez en cuando pone los pelos de punta y un doblaje muy conseguido y trabajado. Sencillamente tienes un titulo espectacular. Uno de los juegos del año que merecen el precio que tienen sin lugar a dudas.

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